Padre, dígame qué le han hecho al río que ya no canta que resbala como esos peces que murieron bajo un palmo de espuma blanca Padre, el río ya no es el río antes que llegue el verano esconda usted todo lo que encuentre vivo Qué le han hecho al bosque padre, que no hay un árbol con qué leña encenderemos fuego y en qué sombra nos cobijaremos padre si el bosque ya no es el bosque antes de que se haga oscuro, guarde usted un poco de vida en la despensa, porque sin leña y sin peces tendremos que quemar la barca,
tendremos que arar sobre las ruinas y cerrar la puerta de casa con muchas llaves.
Usted nos dice padre, que si hay pinos hay piñones,
que si hay flores hay abejas, y cera y miel,
pero el campo ya no es ese campo
alguien anda pintando el cielo de rojo y anunciando lluvia de sangre
alguien que ronda por ahí, padre
son monstruos de carne con gusanos de fierro
asómese y les dice que usted nos tiene a nosotros
y les dice que nosotros no tenemos miedo, padre
pero asómese porque son ellos los que están matando la tierra
Padre, deje usted de llorar que nos han declarado la guerraHe de reconocer que no he tenido nunca una especial conciencia en temas ecológicos. Me crié en una ciudad, no he tenido pueblo a donde ir los veranos, no he sido boy scout para disfrutar de la naturaleza ni me han gustado las excursiones con cantimplora y bocata. No he plantado ningún árbol, no me ha interesado lo más mínimo de dónde salían las frutas y las verduras, no me han atraído las granjas con sus vacas, gallinas y cerdos. Nunca he reparado en lo que contamina un coche ni me he sentido especialmente identificado con el chapapote ni con Greenpeace.
He sido siempre urbanita, he disfrutado de lo que las ciudades ofrecían, he sido usuario de las aceras, de las plazas, de los cines, de las playas, de los restaurantes, de los bares de copas, de los autobuses y coches, de las bibliotecas,...
Sin embargo, a medida que me voy haciendo mayor se ha ido despertando en mí una mayor conciencia ecológica. Me gusta cada vez más el campo, el río, el mar, la montaña, la nieve,... Me preocupa cada vez más lo que le estamos haciendo a nuestro mundo, el planeta que estamos dejando a nuestros hijos.
Ya no concibo que todos los días millones de coches y aviones contaminen nuestro cielo, que estemos contemplando sin hacer nada cómo se derriten los glaciares, cómo se calienta el planeta, cómo cada vez más especies animales se extinguen, cómo nos cargamos nuestras costas,...
Estoy seguro que cuando pasen los años todo esto se verá desfasado, a las nuevas generaciones les preocupa el medio ambiente y serán capaces de cuidar la tierra mucho mejor que sus padres. Confiamos en ellos para que recuperen el tiempo perdido y consigan dar la vuelta a esta masacre.
Aún estamos a tiempo. Iciar, Nuria: vuestra generación es nuestra esperanza. Dejad de llorar, que nos han declarado la guerra.
Pare, digueu-me què
li han fet al riu
que ja no canta.
Rellisca com un barb
mort sota un pam
d'escuma blanca.
Pare, el riu ja no és el riu.
Pare, abans que torni l'estiu
amagui tot el que és viu.
Pare, digueu-me què
li han fet al bosc
que no hi ha arbres.
A l'hivern no tindrem foc
ni a l'estiu lloc
on aturar-nos.
Pare, el bosc ja no és el bosc.
Pare, abans de que no es faci fosc
ompliu de vida el rebost.
Sense llenya i sense peixos, pare,
ens caldrà cremar la barca,
llaurar el blat per les enrunes, pare
i tancar amb tres panys la casa
i deia vostè,
pare, si no hi ha pins
no es fan pinyons
ni cucs, ni ocells.
Pare, on no hi ha flors
no es fan abelles, cera ni mel.
Pare, que el camp ja no és el camp.
Pare, demà del cel plourà sang.
El vent ho canta plorant.
Pare, ja són aquí...
Monstres de carn
amb cucs de ferro
Pare, no, no tingeu por,
digueu que no,
que jo us espero.
Pare, que estan matant la terra
Pare, deixeu de plorar
que ens han declarat la guerra













