lunes, 22 de febrero de 2010

Peña y amplio horizonte


Ayer se celebró en Alicante el XXV aniversario de COU en el Colegio Inmaculada Jesuitas. Empezamos el acto con un vídeo del colegio, luego dio Misa uno de los compañeros de promoción, que se ordenó Sacerdote unos años después. Comida en el comedor del colegio, con las mismas mesas y sillas donde me sentaba a comer en 1973. Y café y copas en la cantina.

Sensaciones increíbles al volver a ver a aquéllos compañeros con los que compartí estudios y muchas risas, algunos de ellos desde los 6 años, cuando empezamos la EGB.

Puede que estemos algo mayores, algunos totalmente calvos, otros canosos, otras dejaron de ser lo que eran. Pero cuando hablas con cualquiera, es como si el tiempo se hubiera estancado en ese año 85, cuando nos despedimos con dedicatorias en el reverso de las orlas, deseándonos todo lo mejor. Nos esperaba la universidad, el trabajo, la pareja, los hijos,...Cuantas ilusiones juntas!!!

Me imagino que si en ese año 85 nos hubieran enseñado un vídeo del futuro, de lo que ibamos a ser 25 años despues, no nos lo hubiéramos creído.

Y ahí estuvimos, volviendo a reir y a recordar anécdotas del colegio, de ese colegio donde me formé como persona, donde hice mi primera comunión, donde me casé con mi mujer. Sí, en esa misma iglesia con la majestuosa figura de la Inmaculada, que ahí sigue imponente, impertérrita ante el paso del tiempo, protegiéndome por donde voy, todos los dias de mi vida.


HIMNO DEL COLEGIO INMACULADA JESUITAS ALICANTE

Peña y amplio horizonte
de tierra, cielo y mar
sol y aroma de monte
pinos, (ch)olivo y paz

Aquí nos ves, señora Inmaculada
aquí nos ves, creciendo en tu heredad
gracias por la alborada
nuestra vida y amplio caminar

El pie sobre la roca
audaz fuego y soñar
la plegaria en la boca
y la ruta en tu mirar

martes, 16 de febrero de 2010

Caminando por la calle yo te ví



caminando por la calle yo te ví
caminando por la calle yo te ví
y un día yo me enamoré de tí
y un día yo me enamoré de tí

Era el verano de 1990. Estaba en Copenhague. Había empezado a trabajar en una pequeña empresa de desarrollo de software a través de un intercambio universitario, tras terminar 5º de Informática de Getión en la Universidad Politecnica de Valencia. Aquéllo era una experiencia en toda regla. Irme seis meses de España, dejando familia y amigos, significaba dejar todo atrás y comenzar una nueva vida. Seis meses de antes era un tiempo infinito.

Al principio lo pasé francamente mal. Me metieron en una habitación sótano con cucarachas en la alfombra en una casa compartida de jóvenes daneses un poco hippies, que fumaban todos los días marihuana de su propio jardín. Conseguí que me cambiaran provisionalmente de habitación. Me dejaron otra con cama de agua. Empecé a tener pesadillas. Las cuatro paredes se iban acercando hasta llegar a aplastarme. Me desperté en la noche gritando HELP! HELP!.

Creo que fueron las tres semanas peores de mi vida, sin nadie a mi lado, intentando desenvolverme en inglés en un país lejano, intentando entender lo que me pedían en el trabajo, intentando buscar un nuevo alojamiento en el que me sintiera un poco mejor. Finalmente, conseguí traslado a un colegio mayor: Kampsas Kollegium, en Lingby, a unos 20 km de Copenhague, y empece a salir del agujero negro en el que estaba.

Uno de esos días de verano estábamos en la oficina trabajando, tenían la radio encendida, y empezó a sonar una canción en español que nunca había oído antes:

caminando por la calle yo te ví
caminando por la calle yo te ví
y un día yo me enamoré de tí
y un día yo me enamoré de tí

No sé que fue, pero una enorme felicidad me invadió. Había pasado lo peor. Volvía a ver la luz. Tenía por delante todo un mundo por descubrir. Un mundo a mis pies que me estaba esperando. Desde entonces, todo cambió y la experiencia de Copenhague fue una de las más felices de mi vida.

Por todo aquéllo, esta canción quedó íntimamente ligada a la felicidad, no necesita más explicaciones, no hay palabras que puedan describir el sentimiento. Cómo dos frases tan simples pueden tener tanta fuerza, cómo pueden decir tanto con tan poco.

Hoy se las he cantado a Iciar y a Nuria. Me miraban fijamente, sonriendo, como diciendo: mi papá está loco. Ese mismo sentimiento ha vuelto después de casi 20 años, tal vez con algo de nostalgia pegada al recordar aquél tiempo, pero con las mismas ganas y con la misma fuerza.

Iciar, Nuria: sois mi vida, mi felicidad. Tenéis toda la vida por delante, y espero disfrutar gran parte de ella con vosotras.

y un día yo me enamoré de tí
y un día yo me enamoré de tí