miércoles, 2 de febrero de 2011

Sangre de horchata

Tengo cierta fama de tranquilo, mejor dicho, de excesivamente tranquilo. Hay varias anécdotas en mi vida que confirman este hecho.

Recuerdo en la Universidad cuando publicaban las notas de los exámenes y nos veíamos entre los aprobados, mis amigas Sunpe y Cel empezaban a dar saltos y gritos de alegría, y luego me preguntaban: pero no estás contento?  claro que estaba contento. Estaba feliz, pero no lo expresaba exteriormente, o no tanto como ellas.

Una vez me acompañaron, ya en Valencia, a comprar una chaqueta vaquera, por la que tenía mucha ilusión pues era la primera vez que tenía una. Cuando me la lleve me preguntaron: pero no estás contento? y yo respondí: sí, pero...¿qué se puede esperar de una chaqueta vaquera? La frase de "qué se puede esperar" pasó al anecdotario de mi vida y la solemos usar en ocasiones similares.

Mi padre decía a veces: "los tienes así...." abriendo sus manos y agitándolas hacia arriba y hacia abajo por debajo de las ingles, en un gesto muy típico para señalar el gran tamaño de los testículos colgantes, forma gráfica de decir lo "pachorrúo" que era a veces.

Otra que se ha quedado indeleble en mi memoria y que también "da juego" en las cenas con los amigos fue una frase de una "ex", que me dijo que tenía sangre de horchata. Puede que tuviera razón, pero al menos, pensé yo, que sea de Peret, quiosco de la explanada de Alicante, que es donde se puede tomar la mejor horchata del mundo.

Yo me defino una persona reflexiva, poco visceral. Tengo un mundo interior muy rico pero esta cualidad puede hacer desesperar en ocasiones a la gente que está a mi lado. Es curioso, la gente se enfada conmigo y yo no me meto con nadie.

Pues bien, esta mañana mi hija Iciar ha terminado sacándome de quicio, después de varios días de paciencia infinita con sus múltiples rabietas airadas hasta extremos de comparación con la niña de "El Exorcista". Esta mañana, no eran todavía las 7 y he explotado. Si, yo,..."the quiet man".

Me ha sacado completamente de mis casillas (she took me off of my little houses) y me he puesto a gritarle como un energúmeno y a darle azotes en el culo (no sé si borrar esto porque igual me detienen), es decir, lo que no se debe nunca hacer. Ni yo mismo me reconocía. Habrá sido sólo un minuto pero me he desahogado y he echado todo lo que llevaba dentro.

Y yo me pregunto: le habrá puesto vodka alguien a mi sangre de horchata?  o es que con la edad las chufas están fermentando?  En cualquier caso, hoy Ichi ha estado de lo más suave. Creo que con el susto de esta mañana no quiere beber horchata en varios meses...