domingo, 28 de diciembre de 2014

Pare



Padre, dígame qué le han hecho al río que ya no canta
que resbala como esos peces que murieron bajo un palmo de espuma blanca
Padre, el río ya no es el río
antes que llegue el verano esconda usted todo lo que encuentre vivo
Qué le han hecho al bosque padre, que no hay un árbol
con qué leña encenderemos fuego y en qué sombra nos cobijaremos padre
si el bosque ya no es el bosque
antes de que se haga oscuro, guarde usted un poco de vida en la despensa, 
porque sin leña y sin peces
tendremos que quemar la barca, 
tendremos que arar sobre las ruinas y cerrar la puerta de casa con muchas llaves. 
Usted nos dice padre, que si hay pinos hay piñones, 
que si hay flores hay abejas, y cera y miel, 
pero el campo ya no es ese campo 
alguien anda pintando el cielo de rojo y anunciando lluvia de sangre 
alguien que ronda por ahí, padre 
son monstruos de carne con gusanos de fierro 
asómese y les dice que usted nos tiene a nosotros 
y les dice que nosotros no tenemos miedo, padre 
pero asómese porque son ellos los que están matando la tierra 
Padre, deje usted de llorar que nos han declarado la guerra



He de reconocer que no he tenido nunca una especial conciencia en temas ecológicos. Me crié en una ciudad, no he tenido pueblo a donde ir los veranos, no he sido boy scout para disfrutar de la naturaleza ni me han gustado las excursiones con cantimplora y bocata. No he plantado ningún árbol, no me ha interesado lo más mínimo de dónde salían las frutas y las verduras, no me han atraído las granjas con sus vacas, gallinas y cerdos. Nunca he reparado en lo que contamina un coche ni me he sentido especialmente identificado con el chapapote ni con Greenpeace.

He sido siempre urbanita, he disfrutado de lo que las ciudades ofrecían, he sido usuario de las aceras, de las plazas, de los cines, de las playas, de los restaurantes, de los bares de copas, de los autobuses y coches, de las bibliotecas,...

Sin embargo, a medida que me voy haciendo mayor se ha ido despertando en mí una mayor conciencia ecológica. Me gusta cada vez más el campo, el río, el mar, la montaña, la nieve,... Me preocupa cada vez más lo que le estamos haciendo a nuestro mundo, el planeta que estamos dejando a nuestros hijos.

Ya no concibo que todos los días millones de coches y aviones contaminen nuestro cielo, que estemos contemplando sin hacer nada cómo se derriten los glaciares, cómo se calienta el planeta, cómo cada vez más especies animales se extinguen, cómo nos cargamos nuestras costas,...

Estoy seguro que cuando pasen los años todo esto se verá desfasado, a las nuevas generaciones les preocupa el medio ambiente y serán capaces de cuidar la tierra mucho mejor que sus padres. Confiamos en ellos para que recuperen el tiempo perdido y consigan dar la vuelta a esta masacre.

Aún estamos a tiempo. Iciar, Nuria: vuestra generación es nuestra esperanza. Dejad de llorar, que nos han declarado la guerra.






Pare, digueu-me què 
li han fet al riu 
que ja no canta. 

Rellisca com un barb 
mort sota un pam 
d'escuma blanca. 

Pare, el riu ja no és el riu. 
Pare, abans que torni l'estiu 
amagui tot el que és viu. 

Pare, digueu-me què 
li han fet al bosc 
que no hi ha arbres. 

A l'hivern no tindrem foc 
ni a l'estiu lloc 
on aturar-nos. 

Pare, el bosc ja no és el bosc. 
Pare, abans de que no es faci fosc 
ompliu de vida el rebost. 

Sense llenya i sense peixos, pare, 
ens caldrà cremar la barca, 
llaurar el blat per les enrunes, pare 
i tancar amb tres panys la casa
i deia vostè, 

pare, si no hi ha pins 
no es fan pinyons 
ni cucs, ni ocells. 

Pare, on no hi ha flors 
no es fan abelles, cera ni mel. 
Pare, que el camp ja no és el camp. 
Pare, demà del cel plourà sang. 
El vent ho canta plorant. 

Pare, ja són aquí... 
Monstres de carn 
amb cucs de ferro
Pare, no, no tingeu por, 
digueu que no, 
que jo us espero. 
Pare, que estan matant la terra
Pare, deixeu de plorar 
que ens han declarat la guerra

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Aquéllas pequeñas cosas


Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia 
Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta 
Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas 
en un rincón, en un papel o en un cajón. 

Como un ladrón te acechan detrás de la puerta
Te tienen tan a su merced como hojas muertas 
que el viento arrastra allá o aquí, que te sonríen tristes y 
nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.





En recuerdo de la fiesta de Bugatti del 30 de noviembre de 1984.
Han pasado 30 años y todo se me ha aparecido como si hubiera sido ayer.
Algo quedó pendiente. lo habré soñado o fue real? Me he sentido muy bien