miércoles, 26 de agosto de 2009

Una de chupetes



Es curioso esto del chupe. Podría considerarse el primer vicio en la vida de una persona, por lo a gustito que un niño está con él y por lo que cuesta desprenderse de él cuando toca. Yo lo usé hasta los 4 años, y era consciente de ser demasiado mayor para usarlo. Una vez me lo pillaron en la mesita de noche unos primos, y dije, avergonzado, que no era mío, sino de un niño que había venido la noche antes.

Tras operarme de anginas (que estaba muy de moda a principios de los 70), mi madre me dijo que se le había olvidado el chupe en la clínica Vistahermosa (que todavía existe), y que si lo quería recuperar había que volver a la clínica a por él. Lo pasé tan mal en esa operación, de la que todavía hoy tengo recuerdos, que lo último que iba a hacer yo era volver a ese infierno. Y así fue la forma, un tanto tortuosa, en que dejé de llevar chupe.

Cada vez el chupe tiene más detractores. Que si malforma los dientes, que no es bueno para el niño, etc. Hasta los creadores de Pocoyó tuvieron que quitarle el chupe si querían internacionalizar los dibujos, porque en EEUU estaba muy mal visto que Pocoyó llevara chupe.

Hoy hay nuevo hito en la vida de mi hija Iciar y quiero plasmarlo en el blog porque no dejo de sorprenderme de cómo con 2 años y 10 meses se puede alcanzar tal grado de madurez (que yo jamás tuve).

Resulta que Iciar usaba los chupes para dormir: uno en la boca, uno en una mano, otro en la otra, y 2 o 3 más dispersos por la cama para que le fuera fácil encontrar uno en caso de pérdida durante la noche.

Este verano le hemos preguntado que cuándo iba a tirar los chupes, e Iciar contestaba que “el lunes”. Pues bien, este lunes pasado, cuando se ha levantado, me ha preguntado qué día es, y al decirle que era lunes, ha exclamado: ¡Lunes!, es el día que tengo que tirar los chupes!!!!!!.

Los ha metido en una bolsa, y los ha tirado a la basura. Increíble. He grabado el momento en vídeo para la posteridad. Hoy al llegar a Madrid, hemos visto algún chupe por la casa, pero Iciar ha dicho que ya es una “mayorzota” y que no usa “chupes”, así que se acaba de dormir sin ellos.

Yo me quedo alucinado de cómo tan pequeña ya razona sobre lo que debe o no debe hacer, y me quedo impresionado de ver cómo con la razón puede vencer al deseo. Para ella los chupes eran algo completamente necesario para poder dormir, y realmente era féliz con ellos. A veces quería irse a la cama antes de tener sueño, simplemente por el “mono” de los chupes.

Y aquí la tienes: una mañaca (palabra alicantina equivalente a mocosa) de 2 años dando una lección de madurez. Hoy es uno de esos días en que te sientes orgulloso como padre, y en los que ves que vale la pena tanto sacrificio.

Iciar, estoy orgulloso de ti. Hoy puedo decir que con 2 años me has superado!!!!!!

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