Hoy me he quedado solo con las niñas porque mi mujer tenía una cena. He salido pitando del trabajo para llegar antes de las ocho y media, hora límite para que se vaya Karina.
He estado jugando con ellas a un juego de construcciones. Después, Nuria ha coloreado, mejor dicho, ha rayado un dibujo con dos loritos, e Iciar ha estado practicando el trazo de la letra "a" minúscula. Les enseñan a hacer las letras de forma pelín complicada, con unos trazos que nunca usamos en la escritura real, pero que parece que les sirven para unir después las letras.
Le he preparado un bibe a Nuria, que ha querido que se lo ponga en taza para sorber con pajita, y le he preparado a Iciar otro vaso de leche. Han echado de menos a "mami", con conato de llanto al unísono que finalmente he podido controlar. Iciar me ha persuadido para que la llamara y le dijera que viniera cuanto antes, pero he conseguido convencerla de que cuando vuelva les dará un beso a cada una y que me quedaré con ellas en la habitación todo lo que haga falta. (en negociación y chantaje emocional mi hija Iciar es una superexperta).
Luego he llevado a Nuria al baño y la he sentado en el reductor. Estamos en pleno proceso de "desquite" de pañal desde el fin de semana pasado, con todo lo que supone de aplausos y vitoreos cuando lo hace bien. Y, como ya escribí hace ahora dos años con Iciar, dejamos atrás el bebé y pasamos a tener una señorita.
http://www.jorgemayoral.com/2009/04/de-nina-mujer.html
Para dormir, le he puesto el pañal a Nuria y les he metido la camiseta por dentro del pantalón del pijama. Luego hemos rezado, hemos cantado y he convencido a Iciar, alias "tiranita", para que me deje ir a cenar algo, con la promesa de volver a darle un beso.
Tiempo total: no llega a dos horas. Pero, eso sí, de "tiempo de calidad". El tiempo de calidad es un eufemismo que se aplica en la actualidad a los que vemos poco a nuestros hijos porque pasamos la mayor parte del día trabajando. Con eso parece que acallamos las conciencias, como cuando damos limosna a un mendigo o hacemos un donativo a una ONG para el terremoto de Haití o Japón.
Pero que no nos engañen, no. Soy consciente de que, entre semana, me limito a llevarlas al cole y a estar un ratito con ellas cuando vuelvo cansado de tantas horas de trabajo. Es lo máximo que les puedo ofrecer y es, a todas luces, escasísimo.
Porque tiempo de calidad también es despertarte de madrugada cuando llaman, levantarse a las 7 un domingo cuando se despiertan, gritarles cuando no obedecen, castigarles cuando se pegan, aburrirte cuando están jugando en el parque, ver por enésima vez la misma historia de Caillou, llevarles a urgencias cuando se ponen malas, y un sinfín de etcéteras.
No hay tiempo bueno y tiempo malo. Que no nos engañen. No hay tiempo de calidad. Lo que cuenta es el tiempo de vida en común. Vivir es dejar correr el tiempo juntos, y cuanto más tiempo juntos, mejor, aunque estemos durmiendo.
El frío se va. La nieve del pasado 20 de marzo en Fuenfría se ha ido ya. Estamos en plena primavera y llega la Semana Santa. A pasar tiempo de calidad.
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